CUADRADO DE CIELO
Un cuadrado de cielo
necesito.
Apenas eso.
Una ventana
por donde escape
el tiempo
y se puedan filtrar
color, palabra y
sentimientos . . .
Un cuadrado de cielo
necesito.
Eso me basta.
Para contar los astros
y ascender por el aroma
de la noche
hasta alcanzar el umbral
de los sueños.
Un cuadrado de cielo
necesito.
Para perderme y vagar
sin descanso.
Aquí y ahora.
Porque el después . . .
para nada me importa.
La disposición métrica persigue también la desnudez retórica.
En “Intemperie”, una composición polimétrica de arte menor,
la delgadez del verso se apoya reiteradamente en el trisílabo.
El verso brevísimo refuerza la expresión alada, aferrada al sueño.
En solo tres palabras, “Intemperie yo misma”, se nos entrega toda una visión del mundo,
la de quien se ha despojado de todo para inundarse de belleza y verdad.
INTEMPERIE
Intemperie de cielo
Intemperie de estrellas
Intemperie de sombras
Intemperie yo misma
en medio del silencio
tratando de aferrarme
a una balsa,
sin viento,
bogando
a la deriva
mientras abro
mis sueños
a ese mundo salado
de arenas
y misterio
que en su prusiana cresta
los llevará muy lejos. . .
Pero el yo poético no es una voz quejumbrosa que se agarre al fracaso como filón poético,
sino que se reviste de una poderosa fuerza telúrica en su unidad con la naturaleza.
FUERZAS
Las fuerzas del universo todas
no me pueden porque
soy ellas mismas caminando,
sintiendo, padeciendo, soportando,
y levantándome entre cenizas
desde todos los fuegos,
desde todos los vientos,
desde todas las aguas,
hacia todos los cielos. . .
La esencialidad de estos versos es refrendada por un esqueleto gramatical
que prescinde de la acción verbal y se apoya en la nominalización.
Un buen ejemplo de ello es el poema “Fugaz”, compuesto íntegramente por oraciones
nominales yuxtapuestas.
FUGAZ
Letra. Sangre. Sudor.
Làgrima.
Colores. Arco iris. Cristal.
Caverna.
Llama.
Fuego que busca cielos
con impronta de ocaso.
Agonía de un Sol
recostado en los pastos.
Fragmentos de latidos
galopando en las nubes.
Ocultos por los sueños.
Gritando en el espacio.
Es, en fin, la poesía de Norma Nava como un árbol mágico, interior,
cósmico, “árbol de pie” como su verso adelgazado, espiritualizado,
despojado de lastre anecdótico o confesional, que brota “desde lo hondo”.
DESDE LO HONDO
Suave. Muy silencioso. Entre tantas estrellas.
Ese mundo que gira es tan hermoso
instantes antes de empezar a ser cierto. . .
El tiempo, la realidad, la crueldad del mundo cierto son los enemigos que
la palabra poética parece capaz de exorcizar (aunque sólo sea en el rito
fugaz de su celebración en el poema). Ese verso incierto, disperso de
Norma Nava es el certificado de su arte múltiple y original: la pintura,
la poesía, la entrega a los demás.
Getafe-Alcorcón 9 de octubre de 2005