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Issa Martínez, Escritora Mexicana 
todos derechos reservados © Issa Martínez, 2006-2007
No es tarea sencilla prologar un poemario de texturas tan complejas y fértiles como este
“Incienso de madrugada triste” de Issa Martínez, poeta de profundos registros y de una
sensibilidad lírica exquisita, que he tenido el placer de leer y disfrutar.

La poesía de Issa, trabajada y sentida desde la dulzura expuesta y firme –a veces
descarnada, otras cómplice de brazos y versos-es de una variedad de registros
excepcional, tanto que es difícil encontrar , en la riquísima variedad de poemas y temas
de Incienso de madrugada triste, un hilo conductor único y resaltante que pueda aunar la
inmensa variedad de sentimientos entrelazados en tan fecundo repertorio de títulos:
algunos desde el intimismo más lírico y doloroso, como este
INCIENSO DE MADRUGADA TRISTE que da título a todo el conjunto...

Se me han extraviado las madrugadas,
esas en las que ocultábamos distancias y ausencias
con la sublime paz que regalan las sombras incipientes.


Mis lágrimas son estelas, donde la noche se vuelve repentinamente antigua,
pértigas de hielo fustigando los sueños y el candor de mi unicornio,
que yace desahuciado, esperando su sudario de lirios sedientos.


Tengo el translúcido cadáver de un gorrión
que expiró de frío, en las palmas de mis manos,
mientras el resol de un grito sordo, va haciendo cauce en mi pulso.


Ya el calor de la salamandra no es suficiente para mi piel
aterida de abandono, tu sonrisa antes tatuada en mis pupilas
con los primeros rayos del sol, se diluye.
Se me han escapado los aromas y los cantos de tus poemas,
estoy ansiando el tórrido refugio de tu voz, envolviéndome en las
amanecidas frías.


(Llevo impreso en mi carne, el incienso de madrugada triste.)


... y que es un canto de auto-amor y auto-encuentro de una belleza increíble; otros
reafirmantes de su condición de hembra total, reivindicativa de amores completos, como

DE MUJER A MUJER...

Existimos en una cercanía
inexistente, invisible.
Lazo perpetuo en la fuerza
natural, sangrada de tu simiente.


Quizás no has sido nana
de lunas y estrellas
ni perfume tierno.
Pero eres hilo, exactitud



y ancla de mi pulso
en este cosmos.


Existo en la reverberación
del grito de tu carne abierta,
de tu útero rasgado
en el dolor de tu obsequio.


(Párpados desvelando amor
para los orígenes de tu origen,
soy yo, mujer, madre…también)


...varios de advocaciones sentimentales, bien desde la percepción del ideal posible, bien
desde las dudas de una naturaleza que se muere para renacer con creces, como en

ENTONCES SUPE

Todos los páramos sin crepúsculos
abrazaron mis sienes,
no hubo perfumes de sensibles presencias
que acunaran mis íntimos matices.


En los márgenes de mis propios precipicios
asomé mis pupilas desnudas,
para encontrarte existiendo en la realidad de las voces
de cada uno de mis días.


La presencia de los versos sin eco,
de las miradas que no ven
más allá de su entorno,
me regalaron sólo cuerpos,
ególatras diástoles-sístoles preocupadas
en sus narcisistas movimientos.


Entonces comprendí
la ignorancia que late en los reclamos,
tal vez entonces, se me reveló
el egoísmo en noveles facetas
de desconocidas sinfonías.


(Supe que la soledad es compañera de indeleble percepción,
desde ese primer rayo de luz, hasta el abrazo profundo
que revierte las esencias a los ocres fundamentales de la tierra.)

...y hasta poemas donde surge un indigenismo de raíces culturales de trato exquisito y
de especial cariño cómplice, como DULZURA INDÍGENA

Ansina, mujer, ansina…
como cuando las aguas dil río
si ricriaban en tus ojitos di capulines dulces,


o la nochi si ti acababa tragada por tu pelo di niña.

Ansina, mujer, ansina…
Como cuando juimos sol y luna in los perjumes
di tierra, y lluvia, y trigos.


Ansina, mujer, ansina…
pa tinerte otra vez, pa soñarnos, pa cantarnos,
como cuando estábanos juntitos juntos en la piel.


Ansina, mujer, ansina…
pequeña, pequeñita en mis brazos morenos
qui aprietan tus carnes di alas di mariposa.


Ansina, mujer, ansina…
juntos juntitos, juntitos juntos
que estábanos, y nos andábanos las bocas, la tuya di jugosas fresas…


(Ansina, mi niña, ansina qui ti quero otra vez)


Poemas y formas que son una amalgama excelente de versos abiertos y rítmicos, con
una concepción altísima del lenguaje poético sugeridor y mágico. Poemas diversos y
ricos de variadísimas formas expresivas, y que, si tuviera que resumir en alguno la alta
concepción poética del conjunto, sin duda lo haría en esas AGUAS DULCES que, a mi
juicio, recogen todo un sentimiento poético y una forma extraordinaria de entender la
poesía...

Sabor a ojos,
a rioja que se desliza
por la garganta.


Vaivén de mareas las manos
que untan gemidos en la piel.
Lento abrazo en las carnes indefensas;
más allá de lo sublime
el perfume herido de la rosa
abriéndose en tus labios
para deshojarse en el cántaro de tu viril acento,
y entonarnos remansos de aguas dulces:
desde el sexo hasta la noche.


Es importante que el lector se acerque y se adentre en este poemario de puntillas y con
el corazón abierto a expectativas, que se deje embrujar por versos de misterios líricos y
de lágrimas calladas, que pueda confabular con las propuestas y las imágenes exquisitas
de poemas bien sentidos y trabajados, que, en fin, vaya sorbiendo, gota a gota, y
despacitamente, todo el lirismo y el cariño de estos poemas escritos desde la
sensibilidad excepcional de Issa Martínez.

Mentiría si no dijera, también, que muchos de los poemas que componen Incienso de
madrugada triste ya los conocía, y hasta los había comentado en el Foro de


Sensibilidades del que ambos formamos parte –ella como moderadora, yo como
director-fundador-, y mentiría aún más si no confesara que me una a Issa un cariño
especial y antiguo, pero sería incapaz –al margen de filias confesas-de proclamar la
excelencia de un poemario si éste no fuera excelente, y si no supiera que el lector
paciente podrá disfrutar del lenguaje lírico y exquisito de los poemas que lo componen.

Para mi, al menos, ha sido un placer inmenso leerlo, y un honor extraordinario poder
prologar y encauzar su lectura.

(Porque a veces, lectores, los sueños antiguos se trocan en realidades cercanas e
inmensas)

Luis E. Prieto
Sierra de Madrid
27-XII-2004


A LA ESPERA


Infamia, extracto que aroma
mis noches carentes
de sus latidos,
vida cruel
que me encierras
en tus realidades
sin un solo pálpito de esperanza.


Cruzo una acera tras otra,
mis intentos se coagulan
en álgidas certezas desmatizadas,
en donde los futuros
son dagas que se hunden
diseccionando las alas de mis sueños.


Augurios desnudos de reproches,
en los que glosas de réquiem
fluctuaban en absolutas armonías
de realidades siniestras, bofetadas sin traición.


Y aún así,
herida y titilante
luz que se niega a morir
a la espera de un prodigio.


A SOLAS


Silencio a capela entre las melancolías nocturnas,
frenesí de sombras sin constelaciones como un abismo interno,
quintaesencia de latidos sin cenefas.


Franquezas en la piel que transpiran y se reflectan
en un espejo indeformable que no reconoce anonimatos.
Sólo tú y tu soledad, apaciguada por el sereno
que pernocta en tus párpados y en tus temores.


Alcázares desmoronados entre dudas
y sienes bordadas por los espectros de lo evidente.
Llanto ungido en los lienzos del cuerpo que los habita.


Descubrirse sin sonrisas de fotografía, sin máscaras,
sin ropa, sin disculpas, sin halagos de otras voces.
(A solas y de frente con tu yo que no consigue disimularse.)



AGUAS DULCES


Sabor a ojos,
a rioja que se desliza
por la garganta.


Vaivén de mareas las manos
que untan gemidos en la piel.
Lento abrazo en las carnes indefensas;
más allá de lo sublime
el perfume herido de la rosa
abriéndose en tus labios
para deshojarse en el cántaro de tu viril acento,
y entonarnos remansos de aguas dulces:
desde el sexo hasta la noche.


AMNESIA


Cuando la tarde
empezaba a ganar horas
para fundirse con los primeros
instantes de las oscuridades, y tus manos y las mías,
escalaban la transparencia de los vértices:
¿Te dije que te amaba?


En los momentos aquellos,
en que nuestras carnes fueron
eclipse total en los íntimos latidos,
de las mismas cadencias disolviéndose en el mismo arroyo:
¿Te dije que te amaba?


En los segundos
que ya son eternos en los soplos,
cuando nuestras pupilas en éxtasis
respiraban la refulgencia de nuestras siluetas,
la amnesia viene a mí, intrínseca al sabor
de tus labios y su huella en mi tez,
me impide recordar si las palabras
fueron eco de mis sentimientos.



AMOR A LA FRANCESA


Valsearemos al ritmo del champán,
flirteando en las efervescencias de su ámbar
líquido, disipándonos dentro de nuestras copas

de cristal cortado.
Intrincadas nuestras manos en Le Pont des Arts,
derramaremos nuestros cuerpos en las estrellas
de mercurio que besan el Sena en sus límenes.
Permitiré que me hagas tuya:
si me haces el amor en francés…
Vous fera font, mon amour?

CEMENTERIO DE RUBÍES


Emergen en cada suspiro del mar:
mirlo y oropéndola remontan las olas
quedando suspendidos en la tibieza
del hálito marino, que recibe el intrínseco azul
de sus alas, donde hilvanan sueños.


Exhaustos de amor, flotan en vertical caída
hacia el útero salino que les acoge,
y en donde adormecen sus párpados
posándolos sobre los corales en rama.


El crepúsculo rasga la claridad de las aguas
para hacer más cálido su refugio.
Una y otra vez, confluyen hacia la brisa
libadora de sus caricias con sabor a ámbar.


La naturaleza converge en el pulso
de dos seres que se aman, y el océano,
es un camposanto de rubíes diseminados de sus besos.



CERTEZA


Nuestras caderas ancladas, armonizando
en esperas celosas de placeres, con las luces
rotas que nos permiten sublimarnos
con el lenguaje de los invidentes.
Entre los aromas de nuestras sombras
que danzan, entre los pliegues de nuestra
propia oscuridad, que pulsa…
Sin necesidad de mirar, sin escrutinios
innecesarios.
Porque tú me sabes, porque yo te sé.
Porque nuestras carestías no son
alquimias nuevas;
-porque no buscamos la Quinta Esencia-
ni arco-iris que nos maten las horas,
ni lunas que nos regalen sus azogues;
y nuestras aguas no se empañan con
nuestros vicios, porque nuestros piélagos…
derramados en raudales de contraste,
lavaron los desencuentros tristes.
Tan sólo quedamos tú y yo, para confluir
eternamente transparentes, y así,
diáfanos, morirnos en lúdicos
abrazos de otoños permanentes.


CRISTALES DISUELTOS


Cristales diluidos en la lucerna
donde se miran mis pupilas.
El reflejo del azogue goteado de la luna
se sostiene sutil entre mis dedos
quebrantados y trémulos, en la remembranza
de unos labios lejanos.


Mitades de sombras que se buscan
en los mismos crepúsculos,
separaciones intentando latir en simbiosis,
caudas ansiosas de ajustarse a sus celestes núcleos.


Se nos vierten unísonos los arpegios
de primaveras enardecidas deseosas de zozobrar,
de confluir en las mismas lluvias de nuestros cuerpos,
en los mismos espacios para respirar el mismo aire.


(Cristal disuelto nuestras miradas, cuando se encuentran en la misma estrella)



CUANDO EL ALMA NO SABE DE RENUNCIAS


Nítidamente se me van quedando
entre las manos los crepúsculos antiguos.
Pausadamente me regresan a los senderos
que tantas veces caminé entre tu mirada.


Las olas vuelven a abrazar y a morir
en nuestras playas, trayendo entre sus espumas,
el nido remendado de manos y labios
en donde rehabitamos nuestros perfiles.


Me acomodo entre los pliegues
de tu piel atormentada por mi ausencia,
mientras tú, unges mis carnes de capullos
y caricias rescatadas del rencor de las sombras.


Volvemos a bordar los contornos de nuestras formas
con la transparencia de un beso que se negó a morir.


Hilamos nuestras carnes y sienes
en la perfecta revelación que se desgaja de nuestro amor,
aquí, en esta ternura salvada de entre los barrizales y brumas granates.


(Me obsequias con un ramo de encarnadas rosas en matices de perdón,
mientras yo me diluyo para siempre en esta sangre tuya,
que nunca me dejó escapar de su torrente, porque no sabe de renuncias…)


CUANDO EL AMOR HABLA


El amor habla y se tamizan sus verbos hasta mi piel,
ocultos entre los páramos donde nace la ternura
de ese manantial de sentimientos, donde los pájaros beben.


Allí, donde habitan los sauces, regalo la lágrima
que traicionera surca el rostro, para enredarla
en la tristeza de sus ramas, como una hoja más.


Imprescindible borrar todo vestigio, reflejo del arcano
latido de tu existir.


Me obligo a revivir en la rutina de mis días inconclusos,
a contemplarme en mis propias pupilas donde el saberte me
deserta,
en esa fosforescencia en la que tus besos y manos se alojan.


En una muerte lenta, se desaguan los intrínsecos caminos



que andarán tus labios, aunándose en tu boca los mutuos
anhelos,
y en la mía, mis ansias de probarte en cada uno de tus perfiles.


El universo aumentará su existencia en la copla de la carne
y de las almas, creando umbrales en los que los colibríes
saciarán su sed.


CUANDO LA NIEBLA SE TRANSFORMA


Sienes que se envuelven entre los matices
de una voz imaginada, dolorosamente rota.
Arpegios de absoluto silencio, como dagas


o súplicas que nadie escucha, sueños que de tan rotos,
han de ser sepultados en la enormidad coagulada del
mar,
en donde se dilatan los lamentos en elipsis.
El universo corre acelerado, temerosamente:
estalla en el cerco de unos brazos
que han sentenciado al exilio.
Pájaros y rosas bracean en formol, en fracasados
intentos
de existir, en los limenes que salvaban la dulzura

de sus sombras.

El horizonte se acerca y un deseo nace,
el dolor se cansa de latir y la premura
de inhalar se vuelve lenta, imperceptible…
(La niebla de mis pupilas transmuta su estado físico y
emerge)


DESPUNTES VIRGINALES DE LUZ
Ami hija Laura Elizabeth


Se acerca tu silueta a los límites
del primer desengaño.
Tus sueños de mujer palpitan
en las cercanías de los vestigios
de niña que aún conservas,
y mi orgullo de madre,
se envuelve entre melancolías
que sugieren tu destierro natural.



Siento la misma primavera intáctil
que aletea en tus cabellos,
y puedo sentir también, en mis manos,
la sonrisa fresca de tu piel.

Mirarte: es palpar
la nitidez de la transparencia
con sus sutiles lazos de ternura,
alumbrar mi esquife
extraviado con las briznas de luz
provenientes de tus ojos,
saberte un pequeño fragmento
de mis ilusiones y de mi carne.


DE MUJER A MUJER
A mi madre

Existimos en una cercanía
inexistente, invisible.
Lazo perpetuo en la fuerza
natural, sangrada de tu simiente.

Quizás no has sido nana
de lunas y estrellas
ni perfume tierno.
Pero eres hilo, exactitud
y ancla de mi pulso
en este cosmos.

Existo en la reverberación
del grito de tu carne abierta,
de tu útero rasgado
en el dolor de tu obsequio.

(Párpados desvelando amor
para los orígenes de tu origen,
soy yo, mujer, madre…también)


DEL MISMO LADO


En mi mismo lado,
suave recorrido del norte
situado en mis sienes,
hacia mi sur más íntimo.


Del mismo lado de mi mirada
y en mi mismo centro…
Mirlo y oropéndola intrínsecos
en los naranjos afrutados y en flor
que hieren de azahares la carne nuestra.


(Ramita de romero como mágica canción de la memoria)


Húmedos los vientos que hacen el amor
a mi piel, y abrazados a mi mirada,
aquellos muros de siglos que se lamentan,
para cuando no te tenga del mismo lado,
y mis pupilas, y las tuyas…
sólo queden implícitas en la más dulce evocación.


DESALIENTO


Se me van quedando rotas las palabras
al compás de los latidos que lloran,
en una copla perfecta de lamentaciones
sin sentido, sin ecos cercanos o lejanos
ni sombras que se incrusten en su risa.


Se ocultan las miserias tras el sonrojo
de mis pupilas, mientras la pena vertida del corazón,
se va haciendo liturgia célebre.


Son mis fantasmas y los del universo
amalgama de un sólo monstruo,
verbos de un único infierno que no me da tregua.


El horizonte se opaca con las gotas purulentas
de un interminable coro de rostros sin fisonomías,
demasiado exhausta para acertijos, de mí misma me oculto.


Mañana, despuntará sinónimo a estos instantes,
en la misma cotidianeidad latente, con que la vida mata las horas.
Un día en estreno, para derramarme difusa o reinventarme en los posibles.


(Siempre quedará la transparencia del albedrío…)



DESCUIDO


Qué olvido injusto
el de las sonrisas e intervalos
compartidos en días y anochecidas
implícitas en las pieles mutuas.
Abandono de estrellas
siempre azules
y canciones acompañándonos
de carne a carne.
Dolor sordo de silencios
imperfectos e indolentes
y manos que hace días
se fugaron a través de la ventana.
Y yo y tú
respirando de la ofuscación
de los sueños que no dejaron
en las pieles surcos.
(Y tú y yo en el mutuo destierro)


DESDE QUE TÚ TE HAS IDO


Un suspiro se impregna de la luz
falsa, mortecina araña que fluctúa
en mis pupilas, habitáculo o cauce de tu ausencia.


Sienes desolladas y aleros rotos
donde antaño susurraban su vuelo dos cuerpos,
allí, en el friso lóbrego en el que cuelga el bandullo
redondo del azogue, nido de armónicos mirlos
y unísonas prolongaciones de ternura.


Álgidos lamentos los de las rosas
que desfallecen en el alma, en el jadeo
estrangulado por la espera que no se cumple,
sitio que ciñe los pulsos,
hasta lograr coágulos infinitamente blancos.



DESTINO

Más allá de este embelezo perdurable,

cauce sediento de las remembranzas,

revoletean los azules matizados de nuestra sinfonía.

Las voces de las aves son un coro de luz

que hiere la memoria con la dulzura de un roce,

beso primero que inunda las entrañas

y se quiebra del norte hasta el sur de la carne.

La vida se desgrana en fundamentos que resultan intrusos

a esta gloria, en donde se van agotando lentamente los sueños,

las palabras, los versos o las ternuras concedidas.

Pero aquel instante inmortal por propia voluntad,

es dios y verdugo entrañable de nuestras sienes.

Todas las noches nos alcanzan y retornan siempre a su trayecto
entre las sombras,
en las que este imperecedero amor vive;
(para más allá de mi realidad, constantemente abrazar mi destino.)

DUERME MI AMOR...


Se acurruca el deseo en mi vientre
para reprochar mares inconfesos.
Fuego que arropa con intransigencias,
que ardientes y procaces lamen y se burlan.


Ni la fría noche palia mis ansias violetas,
ni los silencios gimientes, ni el contralto del grillo:
entre las sábanas traicionándome el roce de tu almizcle,
para acicatear mi necesidad de ti.


Me repliego en mi insatisfacción sin trinos al alba
para adormilarme entre resentimientos grises;
porque mientras tu cuerpo lo mecía Morfeo,
a Eros deseaba en mis entrañas convulsas.



DULZURA INDÍGENA


Ansina, mujer, ansina…
como cuando las aguas dil río
si ricriaban en tus ojitos di capulines dulces,


o la nochi si ti acababa tragada por tu pelo di niña.
Ansina, mujer, ansina…
Como cuando juimos sol y luna in los perjumes
di tierra, y lluvia, y trigos.


Ansina, mujer, ansina…
pa tinerte otra vez, pa soñarnos, pa cantarnos,
como cuando estábanos juntitos juntos en la piel.


Ansina, mujer, ansina…
pequeña, pequeñita en mis brazos morenos
qui aprietan tus carnes di alas di mariposa.


Ansina, mujer, ansina…
juntos juntitos, juntitos juntos
que estábanos, y nos andábanos las bocas, la tuya di jugosas fresas…


(Ansina, mi niña, ansina qui ti quero otra vez)


EL HIJO NUESTRO


Se encuentra en el viento,
acaricia mi rostro con su sonrisa.
Es el travieso que no habitó
tu simiente dentro de mis entrañas.


Ausencia que me devasta en donde
las rabias se tornan condena,
inconcreto anhelo que permanece
en sus pequeñas pupilas que pudieron ser tuyas.


Sus pálpitos se asoman
desde su útero celeste cobijado en nubes,
lleva impregnada en su mirada mi tristeza.


Hoy encontré un rizo color crepúsculo
de su pelo entre los pétalos de las rosas,
y ayer, una manita regordeta manchó
las paredes de mis sienes.



Y yo lo percibo, lo descubro hasta casi tocarlo,
escucho su llanto en las madrugadas de olas y mares
que te regresan a mi memoria, en esta soledad de doble eco
que me deja la negación de tus brazos y su diminuto beso en mi rostro.


(Y mi seno maternal, se deshace en el vacío que les convoca.)


EL IMPOSIBLE ABANDONO


Nunca te abandono…nunca.


Mis incipientes madrugadas despuntan la luz libada de tus pupilas,
donde unicornio y sirena, confabulan purezas de lunas disueltas.
Todas las magias se han escapado de mis palmas, quedando tatuada


tu silueta que amamanto, con el líquido origen de mi piel.


Nunca te abandono…nunca.


Cuento las estrellas que me regalaron tus versos conjugados
en madreperla y el ábrego clamor de tu boca, lengua que recorre
mis poros eternamente adormilados, párpados desfallecidos


o sinfónicas pestañas acaudalando silencios, donde sólo tú puedes existir.
Nunca te abandono…nunca.


Nada importa si el día me sorprende dormida o la noche es desvelo
de permanentes recuerdos; nada, nada puede escapar de ti ni de mi,
más allá de nuestros propios esbozos, cuando mis labios transitan el torrente
de tu sangre, y tus pálpitos se escurren indisolubles en las ansias de mi entrepierna.


Nunca te abandono…nunca.


EL MAR QUE ME RETRASA


Más allá de las madrugadas, de crudos abrigos
desprovistos de nuestros besos, mi sombra desolada
remonta los ponientes sin luz.
No alcanza a llegar a ti, se suspende en las horas estáticas,
en el lapso desangrado en las manos nuestras,
manos vacías de tanto necesitarnos y no encontrar
eco en la perversidad del tiempo.
La luna no reverbera en tu cuerpo ni en el mío,
tan sólo las tinieblas de mi mente acicateada, te invocan
desde los abismos de mi locura.
Mi vientre se duele en los adagios de los albores
que me anuncian un día más.



Veinticuatro lágrimas, una por cada hora para acrecentar
los caudales de ese mar imperturbable, que insiste
en cristalizarse y amurallar nuestro abrazo.
Impedida estoy para cruzar esa inmensidad que me
arrebata de tu carne.

EN LAS AGUAS DE…

Hoy que ya no existo en mí, concedo mi
respiración

a cada estrella,
a sus fulgores que proyectan
mis besos en tus labios, perfiladas caricias

paridas de la melodía de un poema.
Hoy que he perdido hasta la voz,
subsiste un leve murmullo eternizado en las
húmedas profundidades,
perceptible solamente, cuando la luna de espejo
acuna sus azogues

en las sombras de
estas aguas;

místico Wadi al-Kabir, mi
susurrante sepulcro.
Ven de la mano de la luna, princesa permanente de
este cauce,
en donde reverbera mi entrega emergiendo de sus
paredes de vida.

(Resplandor de constelaciones este amor, en la
íntima vertiente andaluza.)


ENCLAUSTRO


Todo habita en un sólo cauce,
las manos trémulas, el rocío escondido
bajo los párpados como un mar sin fe.
La noche ideal salvada en la memoria
de las ausencias imperecederas.
Las palabras vencidas por los sueños rotos,
como piedras horadadas por la respiración del río.
Todo cabe en el beso eterno,
hasta el resignado olvido que niquela las sienes
y redime de lo inevitable a la cordura.



ENTONCES SUPE


Todos los páramos sin crepúsculos
abrazaron mis sienes,
no hubo perfumes de sensibles presencias
que acunaran mis íntimos matices.


En los márgenes de mis propios precipicios
asomé mis pupilas desnudas,
para encontrarte existiendo en la realidad de las voces
de cada uno de mis días.


La presencia de los versos sin eco,
de las miradas que no ven
más allá de su entorno,
me regalaron sólo cuerpos,
ególatras diástoles-sístoles preocupadas
en sus narcisistas movimientos.


Entonces comprendí
la ignorancia que late en los reclamos,
tal vez entonces, se me reveló
el egoísmo en noveles facetas
de desconocidas sinfonías.


(Supe que la soledad es compañera de indeleble percepción,
desde ese primer rayo de luz, hasta el abrazo profundo
que revierte las esencias a los ocres fundamentales de la tierra.)


ESPERA LA VOZ DEL VIENTO


Se te van quedando los latidos entre azules
y playas de blancas sedas, olas en tonos
de besos como suspiros de gaviotas y sueños
amalgamando islotes de coral.


(Se te van quebrando los versos…)


Leves manos tamizadas en la soledad
de los amaneceres, aguas, aguas transparentes
que deliran en la lejanía y se desmayan unidas
en el mismo canto de las aves.


(Y recuperas la voz rompiendo los roquedales del llanto…)


Tus manos no han escrito el final de esta fábula



de lenguajes conjugados en infinitos silencios,
espera la voz del viento aún no creada.


(Y entonces, entonces tal vez…)


ESTANQUE DE DOLOR


Las sombras en espiral giran y giran
mientras una tarde imborrable de Madrid
se llueve por mis ojos.


Tu voz, la salamandra que tantas veces
ha entibiado mis dolores, se está extinguiendo,
y el frío, los gélidos suspiros de unos sueños moribundos,
son el lastre que lentamente me ancla en un mar
repentinamente despojado de poemas.


Mi piel se abre y aborta quimeras en un flujo
de silencios imperfectos, rotos, desahuciados…
Y las esperanzas opacas con su atuendo de niebla,
son dentelladas que mastican pedazos de mi corazón.


(El dolor se esparce en la sabia de mis arterias
como si siempre hubiera habitado en él.)


ESTIGMA


¿A dónde se fueron las almas,
aquellas que quedaron esparcidas
en los ponientes bruñidos
de los yermos y encrespados aluviones?
Difusas bullen,
en el desahucio inmisericorde
que les da la carencia de un sepulcro.


Al viento, lánguidas y grises…
pernoctando entre las sombras
de su propia sangre.
Son en los desérticos esbozos,
el nuevo oasis
de donde la impureza bebe a manos llenas.


Ingenuos alientos, cuyo pecado
es su misma herencia, al llevar en la frente,
un codiciado lunar de oro negro.


(El universo percibe en su olfato el éxodo de las culpas.)



EVOCACIÓN BÍBLICA


Con sangre de cordero
marcaré mis umbrales
para redimir
mi esencia primogénita,
para cerrar el paso
a las pestes en tropel
de las falacias, a las plagas
que aniquilan con sus estiletes
de silencios estériles.
A las faraónicas estrellas
del sol, de la noche y la mañana, y sus intentos
por someter el albedrío con cadenas de agua…


EXÉGESIS


Falsas, hipócritamente desfiguradas bajo el amparo
de las voces dulces. Frías y cortantes,
como los silencios que ahogan su corazón
en las tinieblas de lo infeliz.
A tientas, descubriendo los motivos
de los que se alimentan: felicidad, nutriente
primogénita para subsistir.
Reptando bífidamente reparten sus besos
aleves, con los que cercenan inocencias,
certeza y esperanza.
Sangre, estelas púrpuras sus infusiones
espermáticas para revolverse con su flagelo,
en intentos a veces diestros de fecundar sus ponzoñas sin nido.
Suficiente, se conforman con tan poco…


EXPECTATIVA


En la sutil luminosidad de la esperanza,
dejo mis anhelos, desnudos y bajo el amparo
tibio de lo que puede ser posible.
Rodeando las esperas en los perímetros
de las rosas, las que tal vez mueran.



Esperar y conjugar el verbo en todos los espacios,
en las horas que se filtran entre las manos, que quedan
vacías, ateridas en el dolor de los desvelos a solas.

Tal vez los motivos quedarán extintos entre las magias inventadas

o las reales, quizás las esencias del rocío evaporarán
sus corpúsculos de agua…
Acaso las fumígenas estelas de tu presencia llorarán en mis pupilas,
en la inevitable desolación de lo no cumplido, recreando nuevos paisajes
en las mareas, en los que los arrecifes edificarán sus cimientos en la sal
de mi llanto, de mis propios engaños auto-obsequiados sin la menor
misericordia hacia mi misma. Posiblemente será así…


Pero hoy, y mientras pueda concederme con las mieles “del puede ser”,
me dispongo a mudarme a los resquicios de las esperas, y, ser parte de su
luz.


GAMETOS DESHIDRATADOS


Te es propicio
cualquier cauce falso,
cualquier célula sin esperanza
te acoge en su plasma insatisfecho.


Orquídea real
enamorada de su yo instintivo,
de ese eco mudo
que se calcina en la soledad de tu sangre.


En tu insolente matiz
recorres tus pupilas
por cualquier sombra,
tu mueca torcida indulta
el respiro de cualquier mortal.


El terror incuba tu altanería
cuando un beso veraz,
te sorprende con la guardia en declive.


(No temas: el amor no florece en tus gametos deshidratados.)



HOMBRO VACÍO

Percibo tu miedo
en el primer contacto,
donde las palabras
se rompen entre excitación
y manantiales de verbos rotos.


Y te acumulas en mi vientre…
Todos tus latidos
me oscilan en la memoria,
en el íntimo espacio
en el que la madrugada se diluye
entre lluvia y piel.


Me quedo,
para aislar tus temores
con el anhelo mudo de mi boca,
para estrecharte
con este mar
que habita entre mis brazos.


Para que tu oído
perciba el susurro
de esta voz
como consuelo en la lejanía,
y la ausencia sin voluntad


de mi hombro,
-nido vacío de tu cabeza.-


HONESTIDAD

Háblale, frente a frente,
a contraluz de los azogues
que se revierten y te llenan de incredulidad.
Explícale, de cómo extraviaste
la frescura de tus azules,
de los lugares en los que nutriste
las fauces de lentibularias hambrientas
que te acicateaban a dentelladas.
Revélale que tus ideales zozobraron
entre las alas mutiladas de los pájaros,
que tu necedad cáustica deterioró
con sus acérrimos murmullos
los resplandores de los propósitos.
Mírale los ojos,
las cicatrices indelebles


y los labios petrificados, míseros
de sonrisas y abstractos de besos.
Y ahora dile:
¿En quién has de derramar las culpas?


HOY TE LLAMO

Hoy te llamo, desde la más real
sensación de nostalgia, del vacío
que ahueca pálpitos y sienes:
te convoco; convencida de haber
imaginado tus susurros y tu mano,
en un sueño absoluto para mi piel.


Cito tu nombre a sabiendas de que sólo yo lo escucho,
y mis labios, mi sensatez, flaquean en el silencio.

Nombro este amor nuestro
sin más lunas que las que dividen
nuestras horas, sin más aves,
que nuestra verdadera esencia
que sabe que volar; no puede.


Y hoy, hoy vida mía,
que he dejado este cariño tan desnudo
de metáforas que engrandezcan su hermosura,
sólo me queda expresarte que tengo en mis palmas:
una pureza fulgurando certidumbres de amor.
-Para entregarte-


IRREGRESIÓN


Tienes mi todo en ti,
en las manos que me conceden
tu esencia en la piel,
en tus latidos-arrullos
de mis noches inciertas.


Me inventé en tus horizontes
en amalgamas ilimitadas,
en los matices inexistentes
que improvisé para tus pupilas.


Ya no puedo desandar mis pasos
ni detener mis palpitares



que se desbocan,
desagüé mis tonos
y certezas en tu existir.

Tarde para reflexionar,
tarde para desunirme

o para desertar.
No hay retorno en mi camino…
INOCENCIA ROTA

No hubo luna ni estrellas
arropándose en los pliegues
de la piel desnuda.

(No había hierba fresca bajo la espalda.)

Sombras, miedos que muerden la carne,
falsos amores en el tapiz de los muros
y en la tapia sin luz de las ventanas.

Llanto bajo las alas de la inocencia perdida,
inmolada en aquel sepulcro bajo el lecho vacío,

sin epitafio;
donde sólo habitaban dos cuerpos,
y de lascivia: una acuarela total.

Y nació la mujer
sin arco-iris en las manos,
sin orgasmos en el aliento,
sólo falacias sangrando de la entrepierna.


INCIENSO DE MADRUGADA TRISTE


Se me han extraviado las madrugadas,
esas en las que ocultábamos distancias y ausencias
con la sublime paz que regalan las sombras incipientes.


Mis lágrimas son estelas, donde la noche se vuelve repentinamente antigua,
pértigas de hielo fustigando los sueños y el candor de mi unicornio,
que yace desahuciado, esperando su sudario de lirios sedientos.


Tengo el translúcido cadáver de un gorrión
que expiró de frío, en las palmas de mis manos,
mientras el resol de un grito sordo, va haciendo cauce en mi pulso.



Ya el calor de la salamandra no es suficiente para mi piel
aterida de abandono, tu sonrisa antes tatuada en mis pupilas
con los primeros rayos del sol, se diluye.


Se me han escapado los aromas y los cantos de tus poemas,
estoy ansiando el tórrido refugio de tu voz, envolviéndome en las
amanecidas frías.


(Llevo impreso en mi carne, el incienso de madrugada triste.)


INMOLACIÓN AL MAR…


En mi cuna de mareas salobres
se recuestan las heridas de mi espalda;
mis llagas sanan con el cautín
balsámico de sales-azúcar;
he humedecido de gradientes rosados
las albas espumas con el dolor de mi sangre.


La mirada se me extravía en las infinitudes
celestes, impregnándose de matices
de horizonte, de algodones amotinados
que se encaprichan en transmutaciones
de peces y ángeles, y abstractos rostros
que me parece reconocer en el hastío.


Mi mirada sin color
se esperanza con el reflejo
de los ámbares vespertinos…
mi esencia hace catarsis
embriagándose de paz.
La enorme ola me envuelve amorosa,
haciendo eterna la mueca de mi sonrisa,
y catatónicos mis pulmones…


INOCENCIA CAMPESTRE


En la tarde de rojos decadentes
vive aún la nostalgia en el bronce de tu piel.
En los trigales de amatista
que, a sesgos, se beben los suspiros de tu inocente gesto.



Dejas enterrada entre los ocres
tu esencia agraria, tu aliento transparente de campesino.
Allá, donde los follajes renacen sombras sin obstáculos,
contrastan tus utopías, las que nunca aroman primaveras.


A ritmo de yunta
se te extravía la mirada,
calando la médula de la simiente,
con la amargura niño, de tus pocos años.


LA HERENCIA


Sangre que se estremece
en el cauce criollo de mi aliento,
donde la voz de Nezahualcóyotl
es la dulce metáfora de un poema
que aletea intrínseca a las bulerías y soleares
de mi simiente mestiza.


Imperios de agua
y monarquías de sol,
se bordan en mi cintura
con hilos de filigranas heterogéneas.


Me habita la barbarie y el bautismo
como herencia fragmentada
en el silencio de mi voz.


Así pernocto,
entre genuinos matices
de crepusculares ternuras
para mi lejanía mediterránea,
y apasionadamente cierta, en las auroras
que humedecen los ocres de mi tierra madre.


LA PIEL QUE HABITAS


Es la piel que se hace memoria,
cada yema de tus dedos
untando estrépitos entre los surcos
que abrieron los latigazos de tu lengua.


Es la flor de los besos, y tierra,
mi necesidad de ti, que como camino arado
se hace estepa para tu mirada.



Se consumen las horas
mientras salvo tu perfil de la obcecación
con la que esta luz de invierno
insiste en simbolizar mi blanca soledad.

(Es esta piel que habitas la que te piensa y te vive,
en donde la palabra siempre: es verbo conjugado
en todos los espacios.)

LA SOLEDAD DE LA PIEL


Un collar con tu voz
para mi pecho desnudo
mientras tu matiz de barítono
borda caracolas azules en mis caderas.


Se torna sutil la distancia
con la vertiente íntima de las palabras,
cuando un tenue árbol de versos
va creciendo entre las manos.


Sol y madrugada
se eclipsan en la levedad de un murmullo,
secreta emoción que se hace paisaje
y agua presentida para los ojos.


(Tan sólo necesidades que paren fantasías,
mentiras que se amalgaman en la soledad de la piel.)


LA BATALLA INÚTIL


Horas y horas se deslíen
frente a mis pupilas incrédulas,
en un vals interminable de antifaces.


Vaporosos cendales pretenden esconder
las verdades con su engañosa transparencia.
Atrapo la fe en el ímpetu discontinuo,
que, como agua, tiende a gotear entre las falanges.


La batalla interior duda aún antes del intento…
Sabe que no existe equilibrio
entre el corazón y la sensatez.
(La cordura prefiere seguir de frente.



LA BESTIA Y SU CRIATURA


Se propaga tu amarga voz en su frágil
suspiro de niña, lengua de fuego
que calcina el equilibrio de sus sublimes sueños.


Abofeteas su cordura y sus carnes tiernas,
cuando tu instinto de hiena pare hieles
que infectan la inocencia de sus cuatro vértices
para ahogar su párvula sonrisa.
-Cuatro, tan sólo cuatro veces, el invierno ha tocado su
pulso-


¿Qué sabe ella de la tierna voz de una madre?
Tan sólo el temor de pensarte cruel
y lejana, gigantesca medusa de dos cabezas,
ondulaciones viperinas que nada saben de besos y cariño.


Y mañana…mañana tal vez continúe perdiendo
su pureza en el asfalto de un callejón sin luna,
donde sus verdugos, acabarán de ultimar la poca
integridad que le quede, con la daga de lascivia que cuelga
entre sus piernas…


(Tendrás el honor de aumentar las sombras condenadas,
habitantes de la nocturna melancolía que escurre por las
calles.)


LA HIENA PARIÓ CUATRO VECES


Partió cuando el sol
despunta en el canto de las aves,
pletórica de deseos insatisfechos.
Un coro de llanto a cuatro voces
acompaña su desperdicio de egoísmo.


La hiena se perpetúa
en los rostros que contemplan inocencias
y se perfuma de conciencias transparentes.


Como sin nada
se suceden las noches y los días,
en el camino antiguo donde crece el abandono,
cuatro críos ciñen ausencias indestructibles.


(La bestia parió cuatro veces y no recuerda,
las aceras embarradas de lunas sorprendidas, estrenan puta emancipada.)



LA HUELLA QUE DUELE Y SUPURA


Las pupilas se han extraviado, fatigadas,
sin encontrar abrigo en la destrozada piel
que sólo pare torrentes de silencio gris y cóncavo.
-Un Pegaso ha perdido sus alas y de sus costados
sangran pétalos rojos-
El mar se viste de inviernos perennes
y las olas se eternizan en coágulos níveos.
-Estoy varada en esta algidez colosal
donde mis latidos van dejando de mirar tu luz.-
Mis arterias son refugios de melancolías taciturnas,
cuando mi voz se refleja en la soledad
de la luna y se desgaja en afonías agónicas,
en las que mi sombra se lamenta de frío.
Se han apagado los fulgores cuando te pensaba con fe,
y duele, y supura ausencias, la huella que dejaron tus brazos en mi carne.
(Las crisálidas no eclosionan, y su sed, la disipan con las gotas de mis
utopías.)


LA MUJER DE LA LUNA


Infinitamente distante,


confinada en tus silencios argentas que sólo yo escucho.


Nostalgia de madrugada eterna


para hacer confluir mi mirada en vertical ascenso


hacia tu lecho de sombras incendiadas de constelaciones.


Puñales de luz solar hiriendo mis sienes


y latidos en las mañanas, cuando empiezo a agonizar


con el canto del gallo que me advierte de tu huída.


Soy llanto de día, arco iris que fragmenta la celeste cúpula


de tu ausencia, páramo anhelante de tus matices de luna, carne deseosa de
insomnio nocturno.

A la espera de las primeras sombras

que me anuncian tu llegada, se recuesta mi cansancio

permanente de tanto dar tiempo al tiempo.

Aguardo que la noche reverbere de estrellas

para saberte sonrisas o repudiar su deserción

que me habla de tus tristezas, que me sacuden,

con esa verdad que me presagia, la imposibilidad de poderte acunar
en mi regazo.

(Esencia que aroma de penumbras mis soledades,
tanto he deseado alcanzarte, que pronto seré: perennemente madrugada.)



LA NOCHE QUE NUNCA MUERE

Transparentes alas de crisálidas recorren mis latidos
cuando te perfilas en el umbral de mi expectativa.
Amanecidas y crepúsculos, se refugian en mi sangre

o en mi piel en idéntico compás; y tirito, entre fuegos
presentidos más allá de la razón.
Revolotea una boca en su propio reflejo, que cercana
y amorosa, incendia de azules intensos tu carne, y la mía:
le acompaña diluida en fosforescencias dúctiles.
Surge de entre nuestros perfiles la esperanza que siempre
se negó a morir, y mi vida fulgura en sus corpúsculos.


Y no existen brazos que puedan contener las ansias para difundirse
en cada gruta sedienta que se desborda hacia el infinito.
Y nada, nada importa cuando mis labios más sensuales,
cercan húmedos tu sexo inhiesto e intercambiamos nuestros pulsos.


Nacimos en la dulce muerte concedidos, reinventándonos en un solo ser.
Somos silencio y penumbra en idéntica iluminación, delirio y calma en el
mismo rincón de luz;
allí, donde una vez más, nos estallan tormentas en las pupilas insaciables
y nos buscamos eternos en la sinfonía de mi boca libando de tus raíces,
para entre tibios efluvios, beberte eternamente transfundido en mi.


(Llevamos en sienes y pálpitos, la única noche de la historia que nunca
muere)


LA TRAICIÓN DE LA SOMBRA


Brisas que aúllan a la niebla,
polifonías de aguas claras y lamentos grises.
Un suspiro que se evade
cuando se depura el crepúsculo
hacia tu lejanía que me habita.
Las marinas esbozadas con tus labios en mi piel
se desesperan inquietas entre acantilados solemnes.
Tanto extrañarte a contraluz
es secuela de las mariposas
que lloran en mi vientre desoladas.
No sé reinventarme más allá de ti
ni capturar mi aliento entre las manos,
para retornarlo al rayo que le falta al sol.


(Me voy quedando transparente, sin el consuelo
de mi propia sombra, que traicionera, se ha ido a buscarte.)



LA VELA


Temblorosa…
al filo del contratiempo,
tímida y cristalina.
La arropo con mis alas
taciturnas que se traslucen de
pesadumbres.


Me tiño de claro-oscuro
y sostengo la brisa de mi hálito
por temor a que mi resuello
la ahogue y la disipe.


Las notas que emite
no alcanzan registro
en mis escalas que se nublan.


Ambas trémulas y titilantes
por diferentes razones,
a intervalos nos miramos
y sin voces nos decimos adiós.


(A contraluz, se extingue.)


LA VERDAD DE LA ALONDRA


Alas ahogándose en el lecho
que acuna amor, carne y dolor
intrínsecos en el silencio de un llanto,
hacen perpetuos desgarros de vahos tibios.


Heridas sonrosadas que se apartan
y se cierran, allí, donde la alondra
sin canto envuelve sus sienes,
en la certezas inconfesables de su verdad.


Suenan los tempranos acordes
de un alba aún en sombras gélidas,
entre coros de bruma con olor
a tabaco y el cuerpo húmedo de melancolía.


Nostalgia que acompaña la cúpula
celeste, al resurgir la timidez de un nuevo sol.
La alondra emprende su vuelo libre,
hacia donde la misma luz,
aroma crepúsculos que reciben a la luna.



LAS GAMAS OSCURAS DE LA NOCHE


Rosas negras, abiertas en el silencio
sobre mis sienes heridas de constelaciones.
Cúpula de sombras desdobladas
en el espacio infinito, perpetuo.
Un cuerpo amalgamado
en argentas sábanas, sin ataduras o raíces,
se asoma al balcón de sus recuerdos,
mientras fuliginosos acordes resbalan por la piel.
Vientos lejanos también oscuros, soplos de otras tierras en las pupilas
y la paz en el regazo de calladas penumbras,
bellezas recurrentes en el instante inmortal.


(Sosiego para reflexionar en el luto dulce
de la noche que muere en duelos de armonía)


LENGUAJE CORPORAL


Aprenderás a sentir el ritmo
de mi piel cuando ama y sus
formas que se espigan al soñar,
escucharás su calor entre tus manos
y tocarás su voz con las caricias de tu lengua.


El sabor de mi carne, será el reflejo que refulge
de tus pupilas quietas, profundos estanques
en los que mi sexo se hace lluvia.


En la jungla azul, sitio en el que se instalan
nuestros cuerpos, habitaremos los lugares
donde la brisa cambia su nombre y los mirlos
son reflejo de nuestros goces.


Se abrirá la tierra para absorber nuestros cielos húmedos,
que gota a gota, parirán suspiros tibios como corpúsculos
que se rompen en el viento.


Las estrellas lloran almizcle en los umbrales
de nuestras pestañas, mientras tu sombra y la mía,
se extinguen en el aroma de nuestros besos.



LLEGARÉ


Mi piel hiberna
en la estación
de la expectativa,
entre sobredosis
de amor
y lunas durmientes:
se dobla.
Gélido capullo cobijado
en suspiros que sueñan labios.
Amnesias exigidas para rehuir
dolores de anhelos a media luz.
Péndulos arrullantes
que protegen
nuestras promesas más azules.
Despertaré aún siendo invierno,
estaré a tiempo para partir.


LO QUE NO ALCANZASTE A VER


Corpúsculos de luz, como nevisca cálida
en la memoria, en la sublime unión de los alientos.
Manos tibias que acarician la entrega,
la conjunción perfecta de nuestra carne
cuando el prodigio se ha hecho táctil,
indeleble en la memoria que solloza en grises pautas.
Las rosas por tanto tiempo
dormitando, en la blancura implícita de gélidos besos en las sienes,
han abierto sus párpados en un lento glosario de dulces danzas,
en donde queda ceñida la disuelta espera.
El portento le sonríe a la luna, compañera eterna
en las antiguas añoranzas, mientras mi esencia entregada,
queda sin máscaras en tus latidos; en tus palmas y en tu rostro:
la huella eterna de mis labios.
Ahí, entre los cuatro vértices que custodiaron
la más fiel de las entregas, un Manet y un Quijote,
vuelan en melancólicos símbolos junto a mis evocaciones.
Aún respiro tu aroma mediterráneo, cuando mi mirada se resquebraja
por un adiós necesario ajeno a nuestras voluntades, sin aspavientos,
donde nuestras miradas lo dicen todo y los silencios gimen.


(En la sombra de tu espalda llevas a cuestas, la desmenuzada lluvia
con la que no desee que me recordaras)



LO QUE PERMANECE DESPUÉS DE AMARNOS

Va escalando mi piel,
propagándose hasta mis sienes
en capituladas sombras;
el real augurio de existir
siempre a medias, de este sentimiento
que nos impregna las gargantas
como un grito sin luz.
Hiedra que enraíza
en cada uno de mis poros
hasta la asfixia, y de mis pupilas en la resignación

obligada que no admite auxilio.

El abismo donde yacen mis pálpitos y voluntad,
es profundo en dolores y condenas.
Mi sangre revienta en olas de nostalgia,
en las que mi soledad de ti, repercute
desde mis agónicas células hasta la lívida carne.


(En esta ausencia en la que se maceran nuestras manos,
donde la certidumbre de nunca vivirnos en nuestro propio mar,
es una acuarela desteñida en témporas de llanto, carente de savia y sol, sólo
eso.)


LOS SILENCIOS DEL BOLERO


Antes y después del requinto
los silencios paren nostalgias.
Rosas muertas en el bálsamo de un labio tierno,
acaudalan ecos en nuestras sienes.


Tempos desgajando lentitudes sin retorno,
distancias macerándose en las manos,
horas en fuga cuando las carnes
aromaban lozanías de hierbabuena.


Cuerdas que repercuten
en el sublime tacto de la piel,
comparsas de lluvia y rioja
cuando la noche se viste de añoranza.


(Donde la evocación taciturna y silente, es un acorde más en la voz de la
guitarra.)



LUNA IGUAL QUE MUJER


Me nacen lunas de la piel,
lunas llenas de entre los muslos,
lunas de aguas dulces
hasta la sed de mis pies despiertos.


Me habitan lunas en las pupilas,
lunas calmas para la rebeldía
de los otoños que perduran.


Lunas en mi boca,
menguantes en el vientre
para hacer mitosis de esperanzas


o en lunas nuevas concebirse.
Lunas inocentes y precoces untadas en la carne,
para conjugarme ternuras de niña o valquiria, cuyas caderas:
incuben todas las caricias de tus labios.

M. BUTTERFLY
Se dilata la cadencia del gagaku
en el horizonte que no alcanzas
por el lastre de tus alas húmedas de melancolía.


Arco-iris levantino,
inconclusa metamorfosis
de erotismo y sollozos que divergen.


Virilidad oculta
en el cerezo en flor,
tras las bambalinas de tu kimono
de falacias anhelantes.


Encajes y corsés
habitando en las carnes equívocas,
vientre infértil que acuna rubores
con sus genitales vejados de disimulo.


Bifurcada mariposa,
geisha disecada a manos del harakiri
y las gotas de tu pesadumbre.


(Francia lava tu sangre con su ternura afligida.)



MI AMÉRICA


Sangre latina:
herencia que se duerme en la tierra.
Razas de bronce y frenesí
como esbozos vespertinos
en las cúspides de las montañas.


Valles, volcanes de nieve-luna
donde respira el fuego
de antiguas deidades.
Lugar de viriles jinetes
que se amamantan en manantiales y selvas


de pechos dulces,
caderas de mar y sol, donde se hace sinfonía
el sexo de los hombres.

América…
canto de trigos maduros,
viñas de noches disueltas y tibios matices.


(Alma de niña que sueña
y coquetea al ritmo de la salsa.)

MARÍA


Tu puchero infantil, aún se asoma por las ventanas
de tus pupilas escarchadas de desolaciones,
buscas en los horizontes vacíos de auroras
tu inocencia quebrada en manos de impenitentes.


Tu piel, se ahoga en los remiendos
derramados por los morales, ufanos
siempre de sus vestidos honestos.


María, con el más ácimo de los panes,
hubieras acogido tus estelas de virgen
de entre los caviares pútridos,
y el más ínfimo grado de compasión
suficiente, para redimir la carencia
de “cenicientas y bellas durmientes” de tu sexo roto…



MÁS ALLÁ DE LO IMPRESCINDIBLE


Manos, falanges coronando la redondez
de un hombro que pertenece a dos cuerpos,
roce de alas que labran estremecimientos sin retorno como
ecos en la planicie y en los recodos de la carne.


Cuerpos líquidos de deseo abrazan sus propias ansias
en un instante eterno de labios y lenguas que habitan en los suspiros.
Habla la necesidad de las almas recuperadas en su cordura,
no hay dolor ni lucha constante, sólo amor que mora
en la realidad y que existe en su exacta proporción.


El mar ya no es suplicio o impedimento que se cuele
en los sentimientos, no es nada en la balanza que sopesa lo inexplicable,
lo cierto, lo indestructible; sólo un vals de latidos contiguos
como respuesta sosegada a las interrogaciones, donde ser y estar,
traspasaron los límites de lo imprescindible.


MORIR PARA VIVIR
(En memoria de Rosalinda Llongueras)


Los muros del silencio,
los que atesoraban feneceres,
al fin cedieron al sentirse horadados
por lágrimas intermitentes de agonías.


La muerte me ha tendido su gentil
mano, que he sentido casi amiga, casi dulce.
Se disipó la niebla que cercaba la dignidad
humana, la que apresaba la libre voluntad.


Los vértices se han desvaído,
dejando de ser cárceles de murmullos
diástole-sístole, para permitir sonrisas prósperas
en las esencias laceradas.


El luto puede desnudarse
de su permanente vestido negro,
cuando se tiene que morir
para vivir… y cual ágil colibrí,
hender los aires que claman afonías libres.



MUJER ETERNA
A Alena


Luz, fulgor que llena cada uno
de mis vértices, tibia paloma
de dulces alas.


Gota a gota
tu palabra nítida permanece,
me llama, me acaricia, me consuela.
Infinita te viertes en sol y luna
para tatuar tus estelas fulgurantes.


(No puede el universo contener la fuerza de tu transparencia)


Callas, más cuando el verbo conjugado
se apropia de tu voz, eres eco profundo y eterno
latiendo en mis sienes, en la más viva de las caricias.


La pureza de tu canto queda en mi médula,
en mis latidos que transmutaste
en serenos preludios de paz y verdad.


Mujer de roble
mujer eterna
mujer perdurable…


(Eres agua fresca para mi sed de fe en este mundo)


NIJINSKI


Carnes ingrávidas
como metáforas al viento,
ángulos fracturados
en arabesques que dialogan y sufren,
cuando tus huellas infinitamente ligeras
se fecundan en el espectro de la rosa.
Torsos niquelados de obscenos tornasoles
mientras el fauno duerme.
Dios arrogante,
con el último hálito a sus pies
de su doncella letalmente extenuada.
La descomunal elevación de tus impulsos
te abandonó en los celestes infiernos
de tu mente dividida, hilvanando tempestades de impulsos,,


en tu esquizofrenia sin teatrerías.


NÍVEAS ALAS SIN NIDO

Añorantes, inhiestas palomas heridas
que a ciegas languidecen, aquí, en esta
nada sin olas ni perfumadas espumas.


Sólo las reverberaciones de tu carne
lloran en sus recuerdos, mientras del otro
lado de la ventana, se acumulan las noches y los días.


Buscan el nido cóncavo de tus manos donde el silencio

muere, inquieren la savia que tu boca les transfunde.

Escúchalas, son dos aves que agonizan con las alas
cercenadas; fantasmales, transparentes e inmaculadas sombras,
cuyos ecos, se duelen líquidos y punzantes en mi entrepierna.

(¿Dónde escondo estos pechos

palpitantes que susurran tu nombre?)

NO ME CEDAS A LA MUERTE

Abruptamente, se evaporan de mi esencia
entristecida cada uno de los paisajes
que has ido dejando dibujados en mi piel.
Tu voz amada, ecos de hiel y reclamo
ahogando mi garganta repentinamente rota.
Los espejos olivados de tus pupilas chapotean
en mi sienes incrédulas, donde tus labios
se empeñan en habitar sin el más mínimo deseo de morir.
¿En dónde has arrojado mis manos desmayadas
en la entrega, en dónde mi carne, que como capullo
impoluto o paloma herida se abrazaron a ti?
No hubo temores ni dudas que condujeran
sus anhelos de tantas horas y lunas,
ni murmullos que no perecieran en el mismo instante
de rocíos crepusculares, que, silenciosos,
se fundieran en sus propios límites.
Un grito agudo es saeta que rasga los céfiros
de mi propio aliento, mientras una súplica remonta
en la misiva del ave mensajera.
(No me cedas a la muerte, amor mío)


NOSTÁLGICA REALIDAD


Agua de luna,
murmullos de silencios y secretos
en el páramo abierto de tus palmas.


Flores de melancolía
en el epitafio de la mirada, eterno luto
para el otoño insomne de tu piel.


Desconsoladas afonías de lluvia,
selvas vírgenes y verdes ternuras
perfumando de rocío
tus caderas de miel y dátil.


El agobio de las sábanas sufre
de imposibles reverberaciones,
mientras el maizal y su matiz acuoso:
muere de sed en este desierto que calla.


MURIERON LOS PÁJAROS


La furia de un poniente arrasó antiguas dulzuras,
y las rosas, que unos labios desgajaron de su piel,
hoy son cenizas místicas que se esparcen sin sentido en la indiferencia.
Sus lágrimas humedecen las alas de los pájaros
que hacían el amor en la transparencia de las madrugadas,
impidiendo remontar su vuelo, ahogando sus gargantas con la sal
de un llanto hecho piedra.
Boquean en un último intento de entender lo inexplicable
para fenecer en los sepulcros de un silencio sin epitafio,
sin la ternura de esa flor antífona de aquellos azules versos.


Acuarela goteada de rubíes y descoloridas plumas,
sombras sin espíritu que habitan en el inaudible eco de éste pulso.


NIÑA-MADRE
(Dedicado a Luis E. Prieto)


Abiertas, inmoladas tus carnes en ese llanto oscuro
que escuece tu infancia extraviada,
en donde te envuelves de porvenires desahuciados
y arrebatadas inocencias.
Tus pupilas interrogantes acogidas por el silencio,
por las espaldas que indiferentes
te ofrecen morbos sin fronteras, sin manos,



sólo impasibles rumores de compasión
para pudrirse en sus propios umbrales.
Estigmatizas con tu candor en grietas,
todos los siglos de yerros y todas las bocas mudas
en esta hecatombe que va asolando el universo.


(Sólo el mar te acoge en su vientre lírico de sal,
donde las reverberaciones sin reflejo
de algún ideal, se niegan a desmayar el grito de su voz.)


NO IMPORTA EL TIEMPO


Se van quedando las horas en la piel, en el crepuscular tinte


de los minutos en fuga casi abrupta.
Voces dormidas y despiertas que se intercalan,
manos antiguas, imágenes ampulosas vertidas en algunas noches
inorgásmicas.

Pliegues sutiles cercando pupilas y labios de sonrisas en mitades,
carnes estiradas a fuerza de hambrientas succiones, de párvulos labios
y de viriles almizcles acoplados a galope.

Sueños cuarteados en el espejo de la espalda, coplas de lirios muertos,
luces, que de tan resplandecientes, hicieron harakiri en la fe divinamente
débil,
y oculto en la tez, un universo de erotismos indomables negándose a
envejecer.


(Aún queda el sudario rasgado en llanto para sujetar la osadía de ignorar los
años,
seguir fusionando y derramar a través de cada poro, el verbo soñar)


OTOÑOS ENAMORADOS


Lágrimas sin género
para derrumbar tapias de silencios,
dolor mutuo que habita
en el pequeño espacio donde los labios se unen.


Falanges masculinas internándose entre úteros de miel,
donde más que placer buscan sueños.
No miras el sexo que perdió su eréctil orgullo
ni él mira tus senos extenuados por las horas,



-donde aún consuela sus ansias de ternura-


(Son demasiados años de utopías yuxtapuestas,
y cada vez más azules: los surcos de la carne.)


11 DE MARZO


Y cuando los sueños cuelgan
de los astros, de las manos de los versos
que empapan de azul las voces…
Te ensañas con la daga de tu simiente
incomprensible,
odios que se lamentan por años,
para verterse en este universo sin culpa.


Entintas en púrpuras la inocencia de las horas,
descobijas los tiempos de crepúsculos
sin el menor asomo de remordimiento, donde
paradójico
el pecado, asoma a las pupilas de los testigos de tu
infamia.


Miedos en elipsis rojas quedan en silencios libres,
en las hiedras que trepan y ciñen las gargantas
hasta ahogar la cordura que se torna intermitente.


Llora la luna azogues disueltos en hiel
impregnando de amargas charcas los corazones,
mientras el sol,
derrama en los confines la tristeza de sus lágrimas
negras,
y las estrellas desgajan sus sombras opacadas de
ecuménicos duelos.


OROPÉNDOLA EXTRAVIADA


En tus latidos de rama se acoge el roce rasgado
en el que la oropéndola busca hacer nido,
alimentarse con la sabia miel del embrujo.
Alas que desean abrazarse en la misma respiración.
con idénticas ansias a las de los marinos hechizados
en el legendario canto de las sirenas.



En la odisea de una noche amparados por influjos
de lunas abrigadoras,

las nostalgias desertarán al fin

entre los labios mil veces deseados, infinitamente queridos,

en las pugnas de tantas horas compartidas.

Acaso mis pupilas dejarán correr un destello libre,

rescoldos del fuego que tantas veces impregnó las ausencias de tu

carne.

Será el fulgor de un llanto que muere en la certidumbre

al poder consumar tu cuerpo en mis manos.

Aquí, en donde los pálpitos son acallados por la armonía
de un amor tan cierto,
como la inmortal existencia de la luz.

PARA PODER ALCANZAR EL CIELO


Antes de que las carnes
como gorriones, como emigrantes alas
en busca de cobijo: la íntima flor
de mis anhelos quiere acercarse a ti.


Antes que el abrazo cerque
dolores disueltos por la fe,
que la sangre sea semilla de fuego
fecundando los recodos de nuestros bosques:
el más intrascendente matiz de mi voz,
quiere adosarse a tu piel.


Antes de acomodar nuestros sexos
en su natural perfume,
de desbocar los latidos
en la húmeda oscuridad de las sombras;
mi esencia de niña refulge en mis pupilas
como agua que pregunta:
Para poder alcanzar el cielo: ¿podrías alzarme en brazos?


PIEL DE TORO


Fueron los años y los ciclos gastándose en desencantos
y mentiras, las tribulaciones que impregnaron los desiertos
con diferentes visos de sangres.


Quizás las nieblas
condensaron en sus caminos
para reconvertirse en peñascos de sal,
que al calor de algún
afecto extraviado, derramaron alguna ilusión.



Tropel de voces sin matiz
y vientres infantiles de famélicas síncopas
las causas de sus desgarros, que cual puntiagudas puyas
desclavaron las fantasías de su dura piel de toro.

Las cicatrices son surcos sobre surcos
en su bragado cuero encostrado, mantiene su mirada
al desafío pese a las horas cansadas y débiles.


Templado en el castigo
se crece y acomete a sus agresores.
(Sus pitones centellean la euritmia de un poema fiel,
sabe que el dolor de un universo vapuleado le negará el indulto)


PONIENTES VESPERTINOS


El vacío se funde bajo la soledad de mis plantas y caigo
en espirales lánguidas. Mis pupilas son socaires
desvastados, cegados en abismos sin retorno.


Sólo el recuerdo se compadece y me amparan
los oídos de las madrugadas silenciosas.


Tocan mis sienes los lamentos de nuestras carnes,
mientras me disuelvo en el hálito de la lluvia
que salpica tu rostro. Soy materia que palpita en el albor
de tus sábanas, cuando mi deseo de volver es tan grande como
el murmullo de tu voz, que me llama; y me tamizo partícula
a partícula, en las sombras de los ponientes vespertinos que te besan.


PROFECÍAS PLASMADAS


La voz del destino habla llanto
y alberga caricias en el silencio
de las sombras.


Poco queda por alcanzar,
cuando tácitamente se perciben
latidos, carne, hálitos y dolores;
cuando se huele la tristeza
y el cariño es un clamor, que no se ve
ni se toca pero se descubre cierto.


Los augurios acurrucan sienes
en reposo, dejando imperceptibles murmullos



que al paso de las horas se van haciendo eco,
sonido dilatado que incuba las verdades
en la esencia tan amada, y en donde a pesar de todo,
el miedo a ser feliz, es un estilete vadeando la escasa
concavidad del pulso.


RESGUARDANDO TUS SILENCIOS


Déjame tus silencios a la orilla
de mis ojos que van humedeciéndose
de tu cansancio y de tu herida franca.


(No es fácil mirar detrás de las sienes sin sueños
y mantener la sangre fértil)


Déjame tus silencios en la boca
que haré canción de tus mutismos
para acoger el desmayo de tus huellas.


Nada importan los rumores de cal
cuando la estela que has parido con tu sangre
alimenta voces sin miserias ni traición.


(Déjame tus silencios en la piel
y abre tus oídos al lenguaje de mis brazos)


RESPIROS DILAPIDADOS


Hinojos arrepentidos sin rostro
que penan herencias incomprensibles.
El pecho herido a fuerza de puños sin convicción.


Los senos encogidos entre pecado y goce
mientras el sexo se frustra,
carnes como flores arreboladas
y contritas que ignoran sus impulsos.


Inefable la amargura que gotea
sobre las horas gastadas sin sentido,
donde la propia traición, llega hasta Dios y alcanza al diablo.



SCHEHERAZADE


Femeninamente infieles
el vuelo de las carnes hacia un cuerpo ajeno.
Expiración al caer el crepúsculo
con la sentencia que se derrama tarde a tarde.


Culpas extrañas el estigma de tu piel,
donde tu sutil audacia abraza tus ansias de vida.
Mil y una noches quemaron sus horas
en tu voz perpetua y en la euritmia inagotable de tus labios,
mientras tu amado sultán,
aprehendía tus latidos en la ruleta rusa de su albedrío.


(En el embelezo habitó el herido orgullo con tu espontáneo canto de sirena.)


SIN IDENTIDAD


Lento olvido,
espacios blancos
y miedo matizando
las pupilas.


Idiosincrasia nublada,
deshabitados archipiélagos
de evocaciones y melodías.


Mueren los verbos primordiales
y pare incoherencias la boca.
-Una sombra en madurez


aguarda en el lecho
sin dignidad en los esfínteres-


(Sólo carne, embolias amnésicas sin huellas de identidad.)



SEPULCRO

La constancia menoscabó los olvidos
en los que te sepulté impertérrita,
entre las marinas profundidades
cavé tu tumba perenne
entre silencios salobres.

Tu nombre se desplomó letra a letra
en los abisales vientres de soles abortados
de infiernos insolubles,
y tus falacias naufragaron a la par
de mis últimos sollozos.

Tu recuerdo sombrío
yace en los úteros obscurecidos en compañía
de trágicas criaturas con ojo de cíclope
ciego-como tú…


Oneroso el pago de mi fe
a cambio de tu sepultura
de asilo perpetuo.

SUBLEVADAS AMANECIDAS

Se destilan por tus poros todos los matices de mis silencios,
justo cuando la luna se torna agua solitaria en las represas de tus pupilas,
como canción sin voz a coro de cigarras.

Noche de almiares que, sin disimulos,
sostienen las gavillas de mis anhelos, donde mi andar lento
y libre
es eclipse de sol y melodía taciturna, donde tú te haces sombra.

Se nos inflaman los espacios anochecidos de labios y manos,
para sernos insuficiente el encabalgamiento de las olas sobre
las mareas

o las falanges sobre el requinto, que siguen en su balada
de duermevelas inexpugnables.
(Se nos duermen los intervalos en medios tonos de ternuras,
cuando nos espolean amanecidas sublevadas y agridulces.)

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