III. Aproximaciones de un hombre sobre los rastros de la eternidad
Entonaremos a cualquier hora
canciones que aún no han sido escritas,
gozaremos de un banquete
de piedras y espejos
bajo una árbol añoso
que aún no ha sido plantado,
escucharemos aquellas viejas
melodías recién reeditadas
en discos long-play,
la muerte no nos estará
esperando sentada sobre
los rastros de las sombras,
nos reiremos de las almas
de colores,
y de un susurro existiremos
sin ni siquiera saberlo.
I. Ultimas Variaciones
No queda más que
liberarte de madrugada
cobijar tus letras redondas
para adivinar tu fuga
y conquistarte en
el mar de los sueños.
Es que eres
coronación del tiempo
y confrontación inaudita
de lenguas perdidas.
Es que eres
encantamiento cegado
y fascinación centenaria
de vidas y almas.
No queda más que aceptar
el temor de los labios
y recoger del saludo
el sabor inmenso
de tu boca.
III. El Espectador
Habían muchos fantasmas diciéndome adiós,
algunos vestían de ternos grises y reían,
otros vestían de trajes blancos y decían adiós,
un relámpago de lágrimas cubría el silencio,
una luz sin luz colgaba del techo y decía adiós,
un maremoto me apretaba el pecho y una
canción eterna brotaba desde el sol,
habían muchos fantasmas diciéndome adiós,
el sudor y el espanto festejaban en mi piel,
un galope sin sombras apretó mi mano
y un corcel trepó la vieja enredadera.